Una ignorante
Relatos gráficos con sabor a buen vino
«Durante el tiempo que llevo como presidente de la Denominación de Origen Catalunya he recibido –con más frecuencia de la que me gustaría— quejas sobre lo elitista que puede resultar para algunos el mundo del vino y lo endogámico que puede resultar para otros. Ambas quejas tienen mucho de cierto, no les voy a engañar. En este sector, como supongo que en muchos otros, tendemos a mirarnos el ombligo, olvidando que el vino, principalmente, es algo para compartir. Para disfrutar compartiéndolo. Es por eso que el proyecto Vinómics nos sedujo desde el primer minuto. Y no sólo porque nos ha obligado a compartir tiempo, anhelos e ideas con un grupo de autores talentosos y divertidos que, mayoritariamente, aterrizaban en el mundo del vino como un extraterrestre en la Tierra.»
Vinómics
Tomarse la vida con humor es de inteligentes y Xavier Pié i Dols, presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Catalunya, cuenta como el mundo del vino también sabe reírse de sí mismo a pesar de que exista una pequeña parte a la que todavía le cueste…
Vinómics fue la apuesta de la DO Catalunya para promover la cultura del vino a través del formato del cómic. Un recopilación de relatos gráficos de color vino creados por 17 brillantes ilustradores para disfrutar junto a una copa de vino. Dos grandes placeres unidos gracias al narrador visual barcelonés Raúl Deamo a quien le gustan los buenos vinos tanto como los buenos cómics.
La idea de maridar vino y cómic fue suya como también lo fue el recorrido por la Cataluña del vino de la mano de las distintas personas que la forman y del que surgió el documental Deconstruyendo el vino catalán. Una ruta que se acabó cruzando con la del cómic al descubrir Los ignorantes, el relato biográfico del autor Étienne Davodeau donde comparte aprendizajes con su buen amigo viticultor Richard Leroy.
Raúl sabe contar historias y sabe de vinos. Sin embargo, cuando se planteó el proyecto de publicar historietas del vino, del mismo modo que se hacía en el mundo del cómic en Francia, decidió que si bien no era necesario que los autores con los que iba a colaborar fuesen amateurs, ser buen narrador era un requisito indispensable.
Un libro para ignorantes —Vinómics ha sido mi autoregalo del Día del Libro—, para aficionados y también para profesionales quienes, al fin y al cabo, somos los mayores ignorantes.
Al menos yo, cuántos más vinos pruebo, más cuenta me doy de que menos se y que más quiero saber. Sigo siendo una ignorante. Una mujer con años en el mundo del vino pero que nunca deja de aprender. Por eso, porque no puedo evitar ponerme en el lugar que aquellas que repiten «yo no sé de vinos» me empeño en que conecten con ese superpoder que es la sensibilidad femenina cuando se prueba un vino. Un superpoder que las ignorantes llevamos dentro, aunque muchas aún no lo sepan.
Club de lectura y de vinos
A principios de abril recibí un e-mail en el que decía:
Para el próximo encuentro (26 de abril a las 11:30h) tenemos estas propuestas:
Los ignorantes, Étienne Davodeau
La línea del frente, Aixa de la Cruz
Mambo, Alejandra Moffat
Sau, Ferran García
¡Votad, votad! Contestando a este correo o en Instagram.
No tardé ni un minuto en responder: «Los ignorantes»
El cómic de Davodeau, que me había comprado hacía justo diez años durante una vendimia en la Champagne —cuando mi nivel de ignorancia era todavía mayor—, resultó ser la opción ganadora. En aquella época no existían cómics en España sobre el mundo del vino, yo no conocía a Richard Leroy, el viticultor del Loira protagonista de Los ignorantes, ni apenas había escuchado hablar de agricultura biodinámica.
Aquella bande dessinée —así es cómo le llaman a los cómics en francés— no solo hizo que me interesase por descubrir otras maneras de elaborar vino, sino que me inició en la lectura de relatos gráficos con sabor a buen vino que tan populares eran ya en Francia.
Una iniciación cruzada, tal y como sucede en el cómic en el que Étienne Davodeau se adentra en el mundo del vino y Richard Leroy en el del cómic: «Hablando interminablemente sobre los vinos bebidos y los libros leídos»
Por eso, asistir a un encuentro en el que no solo se bebe vino y se habla de libros, sino que además el protagonista es un cómic del vino, me parecía un planazo.
Consumir cultura bebiendo vino y leyendo libros. De esto va L’avinentesa.
Un club que surgió a raíz de una comida familiar en la que nadie podía levantarse de la mesa hasta que se encontrase el modo de unir el vino y los libros.
Anna Vallès, quien viene del mundo editorial, es la que lleva las riendas de este bonito encuentro en torno a una mesa en la región vinícola del Penedès. En Mas Palou, una masía del siglo XIV convertida en alojamiento rural donde viven sus padres, Adelina Beneit i Santi Vallès, se reúnen cada mes lectoras —y algún lector— a las que, además de leer, les gusta hablar, beber y comer.
Ayer yo fui una de ellas.
Poniendo la guinda a una semana de libros con un cómic que marida a la perfección con un vino cuya etiqueta habla de libros, de rosas, de botellas, de copas, de manteles y hasta de piedras.
No las del viñedo de Richard Leroy, sino las del Penedès. Las de las viñas viejas de uva Macabeu plantadas en 1960 en el Pla del Penedès y que el padre de Anna cuida con especial mimo porque son de su quinta. Viñas de las que Anna y su hermana María recogen la Macabeu y elaboran con ella un blanco para comer, de los que se mastican, pero que al mismo tiempo cuenta con la suficiente acidez para poder llegar a ser un vino de guarda que se afine y gane en matices con los años.
Un vino para beber y para leer.
Cuentos del Vino
Y por si no te regalaste, o no te regalaron, un libro de vinos el miércoles pasado, La nariz de oro, una novela en la que vino es el protagonista, te dejará un buen sabor de boca.
Puedes hacerte con ella aquí.
¡Salud!


